¿Qué Pasa?

Casio, intenso e inusual monólogo

Casio, intenso e inusual monólogo

La representación de Casio, un monólogo que estruja prejuicios en las gargantas de un público sorprendido, no importa el número de asientos, no deja indiferente a nadie.

Su tema, el prejuicio de la sociedad contra la homosexualidad, es abordado por el creador de este inusual texto que juega con la temporalidad y mezcla épocas pasadas con un aspecto tan vigente y moderno, está llamado a perturbar la mentalidad estática e ingenuamente tranquila de quienes no han concebido en su pequeño universo, el chance que se da a si misma la diversidad.

Víctor Pinales, crecido en si mismo, inspirado por el proyecto y estimulado desde su compromiso por el teatro, hace dotes del actor teatral de carácter que és, aun cuando la lucha por la productividad obligada, le haya puesto en su agenda el libreto y la actuación superficialmente cómica de la televisión en fines de semana. Su desnudo final es de alto valor estético y permite juzgar la profesionalidad del equipo. Haciendo teatro, y pese a que magulló unas cuantas palabras y se equivocó en el nombre de la meretriz, (por lo cual musitó un inusual “perdón” fue dueño de la escena. Un conjunto de condiciones escénicas pautadas por un texto rico en profundidad, en imágenes referidas, cruzadas por la variable del tiempo y la simultaneidad de los tiempos pasados, Pinales enseña teatro del bueno, del que no concede licencias, del que se hace dejando la piel  tirada de tramo en tramo.

Raúl Martín, cubano como el dramaturgo, hace una incursión inicial en la escena criolla, que lo muestra como un pensador práctico del teatro de valía. Sabe conducir a Pinales por caminos inusuales, por una escenografía sin forma, como todo el texto y atrevidamente dispuesta en sus elementos de referencia.

Pinales logra relatar los pasajes de la existencia de Casio, reproduciendo el temperamento de los padres, narrando los ambientes, refiriendo personajes cruciales, como la criada.

Si tiene oportunidad de ver Casio, hágalo. Es teatro de verdad. Dosis de escenas auténticamente trabajadas con una visión elevada y un compromiso serio con el quehacer del  escenario.

El Nacional

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