Opinión

Caso Romero Marcial

Caso Romero Marcial

Recuerdo que, en 1986, cuando mi padre, Salvador Jorge Blanco era presidente, fui invitado a dar el saque de honor en el torneo de baloncesto del Distrito Nacional. Yo apenas tenía 18 años, y muy emocionado fui a ese torneo, con la esperanza de hacer un saque de honor, y disfrutar el partido.

En ese momento, viví una de las experiencias que más me ha fortalecido en mi vida, y fue experimentar lo que significa un rotundo abucheo. Lo acepté como un ciudadano más, hice el saque de honor, y luego, en mi casa, compartí con mi papá, lo que había sido esta experiencia. Después me dijo: “Esa es la democracia. Eres un demócrata”. Luego me abrazó.

La anécdota vino a mi memoria cuando ví lo sucedido en el Estadio Quisqueya con Máximo Romero Marcial, quien fue objeto de un abuso de poder por parte del presidente de la Cámara de Diputados, Radhamés Camacho, quien no soportó que un ciudadano dominicano ejerciera su derecho a la libertad de expresión. La historia es luego conocida. Romero Marcial fue detenido y apresado por más de 24 horas, en un claro y perverso abuso de poder.

Coincide que ese mismo día, en Estados Unidos, el presidente Donald Trump estuvo en el estadio de béisbol de los Nacionales de Washington, y cuando se anunció su presencia, la multitud en su mayoría, se fue en abucheos y críticas al presidente Trump, y nadie osó en decir que se había violentado la libertad de expresión. Al contrario, usted podrá estar o no de acuerdo con la actual sociedad norteamericana, pero nadie puede negar que el sábado se demostró, una vez más, que Estados Unidos es la cuna de la democracia.

Esa es la gran diferencia entre democracia y dictadura. En democracia, es fundamental el ejercicio de la libertad de expresión y difusión del pensamiento. Este se ejerce de cualquier forma de expresión, puede ser pública o privada, pero hay que respetarla. Es una libertad civil y política, relativa al ámbito de la vida pública y social, que caracteriza a los sistemas democráticos y es imprescindible para el respeto de los demás derechos.

En la democracia, la libertad de expresión es fundamental porque permite el debate, la discusión y el intercambio de ideas entre actores políticos y demás integrantes de la sociedad en torno a temas de interés público. Es por ello que no podemos considerar como democrática una sociedad donde no haya libertad de expresión.

La intolerancia es una característica propia de países donde no hay democracia. En veinte años del PLD, la democracia ha retrocedido, y hay reflejos dictatoriales en elementos del gobierno. Mi solidaridad con Romero Marcial. Que no se repita nunca más. Y que se haga justicia.

El Nacional

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