Reunir en un solo individuo la condición de analista, fabulador y pérfido hará siempre de éste una pieza importante cuando el supra-poder desee poner en marcha alguna conspiración perversa.
Un personajillo de baja ralea está intentando condicionar a la opinión pública sobre un hecho acontecido en el país y está muy complacido al realizar ese servicio a la CIA y a sus adláteres.
El sujeto medra en ciertos medios de comunicación y cuando no teje sus primitivas maldades, inclina el oído a sus fidedignas y personales fuentes de inteligencia, para dar algún zarpazo artero.
Narra hechos de forma sesgada, manipula informaciones y envía mensajes subliminales para incriminar a ciertos objetivos, satisfaciendo sus propios bajos instintos y los de sus sustentadores.
Aunque carece de su ingenio, es emulador de Jayson Blair, quien protagonizó un escándalo en 2003, cuando desde las páginas del New York Time inventaba noticias en sus momentos de ocio.
Éstos han aprendido a montar escenarios con meticulosidad, para atribuirle hechos punibles a terceros. Sus obscenidades más recientes parten de experiencias históricas.
Abrevan del ataque, el 7 de diciembre de 1941, a Pearl Harbor, en la isla de Oahu en Hawái, que justificó el lanzamiento de la bomba atómica contra Hiroshima y Nagasaki, ordenado por Harry Truman.
Y del sabotaje al buque francés La Coubre en el puerto de La Habana, el 4 de marzo de 1960, con un saldo de 76 muertos y más de 200 heridos.
Así como de los actos terroristas acontecidos el 9/11 contra las torres gemelas en Nueva York, sobre los cuales llueven las dudas.
Desde la sombra, el hostigamiento y la provocación están en marcha. Ya comienzan a mostrar sus fauces en una isla en crisis.

