¿Nueva mascarada?
La presencia de la mano peluda del imperio ha sido advertida en el golpe de Estado en Honduras desde el primer momento, pese a la simulación de sus representantes al más alto nivel.
Por más esfuerzo que haga la diplomacia del garrote y la zanahoria por hacerse la chiva con tontera frente al golpe en Tegucigalpa, por sus maniobras y sus frutos reconoceréis su presencia.
Los estrategas del golpismo esperaban violencia desenfrenada para justificar una masacre y permanencia del gobierno de facto, pero el pueblo le respondió con lucha pacífica, permanente y firme por el retorno de Manuel Zelaya al poder.
Ahora se escucha la clarinada del secretario adjunto del Departamento de Estado, Thomas Shannon, de que se termina el tiempo para lograr un acuerdo entre las partes, y la respuesta flexible de Roberto Micheletti y el gorilismo.
El acuerdo incluye poner en manos del Congreso el retorno de Mel a la casa de gobierno. Desde luego, la nueva mascarada podría ser conducirlo hasta allí con las manos atadas, para legitimar la farsa electoral del 29 de noviembre.
No obstante, las aguas tumultuosas provocadas por el golpismo no tienen que discurrir necesariamente por ese cauce, porque el pueblo aún sigue en las calles y es creciente la demanda de una Constituyente Popular.
La intervención directa de Shannon y su comitiva lo que significa es que se ha entrado a una nueva etapa.
Entonces, es pertinente no adelantar celebraciones.
Por un lado, se crean expectativas del regreso de Zelaya a la presidencia, mientras por el otro se reprime criminalmente al pueblo de Morazán, para evitar desbordamientos revolucionarios.
Por lo visto, a esta nueva situación los hondureños tendrán que aplicarle cabeza fría y corazón caliente.
