Opinión

César Darío Nina

César Darío Nina

Detenerse a leer el currículo  del joven ejemplo sancristobalense y nacional, licenciado César Darío Nina Mateo, sobre sus estudios y conocimientos de las ciencias jurídicas, en especial las normativas procesales, constitucionales, derecho penal, criminología, la niñez, la mujer, medioambiente, psicológico y la historia, es saborear las purificaciones del saber y al estudio cual murmullo de éter divino.

Este prestigioso abogado, hijo del insigne profesor Luís Sergio Nina y María G. Mateo, laboriosa y digna mujer, nace de las entrañas de esta heroica tierra sureña, y, venciendo tempestades, ha trillado con pasos firmes los caminos de su vida, escalando peldaños con luz propia, apegado a la verdad y a la honestidad.

Darío ha ejercido con brillantez la abogacía. Como procurador fiscal adjunto, ha sentado ejemplo de moralidad y  sapiencia, poniendo en prioridad el principio de Ulpiano y Juan Pablo  Duarte. “la justicia consiste en dar a cada quien lo que en derecho le pertenece”.

Encauzando su trayectoria en valores éticos, principios y probidad comprobada, porque no practica la doble moral, la risa burlona ni el cinismo. Piensa como Cicerón al decir que la honradez y la utilidad son el fundamento de todas las acciones.

Pero  Nina ha sufrido injustas ligas por el cumplimiento de sus deberes, siendo víctima del caprichismo y recelos judiciales en sus funciones, pues habría sido recomendado por un influyente secretario de Estado, hijo ilustre de San Cristóbal, como procurador fiscal. Ha tratado a su clase y a todas las personas, especialmente a pobres y humildes, entidades e instituciones, acorde con la Constitución y verticalidad ciudadana.

La cizaña y los golpes bajos contra Darío, acontecen a raíz de un allanamiento realizado  por cinco ayudantes fiscales en un apartamento en la calle Sánchez esquina Constitución, en virtud de la ley, donde se presumía existía algo perjudicial a San Cristóbal, previa denuncia al efecto. La clase del derecho y la mayoría del pueblo saben lo que allí aconteció esa tarde.

¡Ay Dios mío! Como Darío en esos momentos era figura relevante, por tan responsable actuación, él y la distinguida ayudante María Silfa Tolentino, “pagaron las jabas que otro burro se comió”, como dice el refrán. Es tal el ensañamiento por la verdad ocultada, que los otros tres ayudantes valiosos no fueron suspendidos.

A favor de Darío han intervenido ante los organismos correspondientes más de quinientas personas e instituciones,  que no puedan estar jamás equivocadas. También, dirigentes del partido en el gobierno, al que  Darío pertenece con una grandiosa trayectoria y labor política.

Pensamos que al presidente de la República, doctor Leonel Fernández, y al Procurador General de la Nación, le han ocultado la realidad histórica en este caso, al sólo escucharse una campana, pero jamás la de Darío y la de Silfa Tolentino.

Creemos que el Presidente, en un acto de justicia y desagravio, debía disponer la reintegración a sus funciones de dos joyas de la moral judicial y la dignidad de San Cristóbal: César Darío Nina Mateo y María Silfa Tolentino.

A Darío, entrañable familiar y orgullo de los Nina, le expresamos las frases de Paúl Vallery. ¨ La gloria de un hombre exige que su mérito pueda ser explicado en pocas palabras”.  Y, como profesa este postulado, Dios tarda  pero jamás olvida.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación