Angelita Trujillo fue llamada Angelita I, Reina de la Feria de la Paz y la Confraternidad del Mundo Libre. En 1955, su encanto juvenil halló corona. Hoy, sus arrugas y su pesado andar no son acompañados por el cetro. Su padre, el sanguinario dictador Rafael Leonidas Trujillo, la impuso como reina ayer, pero fue ajusticiado hace casi 49 años.
El resentimiento la convierte en figura idónea para navegar en la podredumbre, en el intento de lavar ciertas fortunas y capitales y de allanar el camino para presentar una opción de ultraderecha sin disfraces.
El poder estadounidense, a través de la Agencia Central de Inteligencia, CIA, dio protagonismo en el ajusticiamiento de Trujillo a un grupo reaccionario sin proyecto político propio. Esto es historia conocida.
Pero son espurias las razones que movieron a Joaquín Balaguer al publicar La Palabra Encadenada, y también lo son las que mueven a Angelita y al grupo que la maneja para presentar un libelo trujillista cuyo título no vale la pena citar.
En La Palabra Encadenada, hay discursos alterados (Balaguer lavó piezas cargadas de loas a Trujillo para presentarse como colaborador obligado y no como el cuadro del autoritarismo que en realidad fue). Termina con una exposición en la que califica como oportunistas a quienes mataron a Trujillo.
En su libelo, Angelita enloda a los colaboradores de su padre que luego lo mataron. También intenta enlodar la memoria de luchadores antitrujillistas como las hermanas Mirabal.
Balaguer, con su publicación, (libelosa también), trató de presentarse como legítimo heredero del poder. Angelita escribió (o firmó lo escrito por otro, como muchas veces hizo su madre) acicateada por miembros de la oligarquía, para lavar capitales provenientes de la Era y afianzar en el esquema a los descendientes del dictador.
Empresarios y políticos que impulsan el proyecto reaccionario, usan esa firma como el último servicio de la otrora Angelita I.
El momento es oportuno para señalar que el comportamiento indigno que han tenido en su paso por el Estado descendientes de las Mirabal, no disminuye la condición de heroínas de esas tres mujeres. Sucede igual en el caso de otros patriotas, quienes, sin duda, siguen siendo héroes, porque han de ser juzgados por sus propios hechos..
Para superar la crisis, es preciso articular un proyecto superador, revolucionario, no desempolvar viejas lacras. ¡Cuánta basura!

