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Cine y sociedad

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The Theory of Everything

 

 

Sutil, elegante y comedida. The Theory of Everything es un drama que cautiva y conmueve al espectador no a través del sentimentalismo, el dolor o el resentimiento, sino por vías del sacrificio, su solidez interpretativa, y por supuesto, el amor.

En esto último es precisamente en lo que se enfoca mayormente el film, o más bien, planteado de otra manera, en cómo afecta la relación con su esposa, la enfermedad degenerativa que condena al científico Stephen Hawking a vivir en una silla de ruedas.

De tal modo, aunque el título del film proviene de una tesis del celebrado físico, la historia de la película no está dirigida a recrear en detalles y profundidad su surgimiento como hombre de ciencia, sus revolucionarios hallazgos y su lucha tenaz para sobreponerse a un mal cuyo efectos va produciendo una parálisis muscular progresiva, y por el cual le fueron diagnosticados dos años de vida.

No. De hecho, el film está basado en el libro autobiográfico que escribió quien fuera la primera esposa del Hawking, Jane, publicado en 2013. Por lo tanto, esta es sobre todo y primordialmente una historia de amor.

Así es como comienza la película, con un Stephen y Jane en sus años mozos, flechados al primer instante, en un Cambridge bohemio y distante; y es cándida y falsamente de esta misma manera como concluye también.

¿Qué hay de malo en todo esto? A simple vista nada o muy poco. El director británico James Marsh ha creado una película interesante y estimulante en su mayor parte, con una asombrosamente convincente y cautivadora actuación de Eddie Redmayne, y una no menos notable caracterización de Felicity Jones.

Sin embargo, puesto que esta no es su película, el genio detrás de su mujer –esto no hace ningún sentido, no?– nunca sale a flote. La pasión por la física y la brillantez de pensamiento de Hawking no alcanzan en ningún momento el despliegue que merecen.

El director Marsh ha logrado una puesta en escena delicada, precisa y políticamente blanda y correcta, pero la panorámica visión del trabajo del científico no es satisfactoria.

Buen sentido del humor y bellísima banda sonora, a pesar del tono triste del film. Ahora bien, se echa en falta de todos modos la contundencia de su discurso emocional.

El Nacional

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