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Star Wars: El Despertar de la Fuerza

Después del triunfo arrollador de El Despertar de la Fuerza, la pregunta obligada a continuación es la siguiente: ¿ha conquistado esta producción a la audiencia por sus propios valores, aciertos y alcances o por el contrario, el suyo ha sido más que todo un poco de aquello –at therightmoment and theperfect time– entremezclado con un manipulador sentido de nostalgia, nunca antes mejor empleado?

Es ahí precisamente donde entra en juego la pegajosa frase ‘el despertar de la fuerza’… este título es ante todo un ardid para atraer a las masas.

Es cierto que la historia introduce dos nuevos personajes (Rey y Finn), o más bien tres, si incluimos el droid BB-8 (una genial creación concebida para seducir a los niños), pero mientras estos encuentran sus lugares y definen sus roles en la trama, en especial los dos primeros, el tiempo se agota y lo que nos queda entonces, puesto que no tienen el poder ni la jerarquía para llegar más lejos, es un intento muy válido y entretenido, pero no del todo contundente o satisfactorio.

Por el contrario, quien si tiene el ‘background’ y el rango para encabezar una real y genuina revelación/explosión, (LukeSkywalker), cuando llega el momento, es por supuesto demasiado tarde, y éste de todas formas, como consecuencia del traumático pasado que arrastra, se toma su tiempo en reaccionar.

Por fortuna, tanto Rey (Daisy Ridley) como Finn (John Boyega), se revelan como unos personajes carismáticos y más o menos bien desarrollados dentro de los parámetros del film. Ella sobre todo, como personaje central del relato, es una especie de Jedi en potencia y cumple con efectividad y arrojo con su papel.

El mayor problema de la película, además de un final poco convincente y deliberadamente un tanto ambiguo, es el hecho de que la trama nunca puede despojarse de la sensación de historia ya vista.

El Despertar de la Fuerza nos remite con tanta insistencia a los mismos temas, situaciones y subtramas ya abordadas en versiones anteriores que resulta hasta admirable reconocer cómo ha podido el guion mantener la coherencia cargando tan enorme fardo de referencias y cumplidos.

Por eso, uno aunque no quiera debe dar crédito al director y coguionista J.J. Abrams. El suyo ha sido un ingente trabajo que se funde entre el homenaje a George Lucas y la simple copia.

El Nacional

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