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Joker: Un estudio de personaje
Al público no le ha gustado Joker, y esto es completamente entendible. Esta no es una película de acción y aventuras como se estila en los universos de DC o Marvel, y ni siquiera es un drama diáfano y
políticamente correcto.

La textura visual del film es oscura y el sentimiento que predomina es de dolor y amargura. Por lo tanto, para cuando Joker concluye –pudiera reprochársele cierta morosidad y un mayor sentido de profundidad del personaje central– lo hace más bien como un drama de terror.

Arthur Flex (Joaquín Phoenix), es un marginado social que vive de la asistencia pública en una Gotham City inundada de ratas y basura, y otros tantos problemas que, naturalmente, a quienes más afectan es a los más pobres y necesitados.

Arthur vive con su madre enferma, a quien cuida con desvelo, y trabaja ofreciendo servicios de payaso, pero lo que gana no es suficiente. Así que Arthur, quien siempre ha aspirado a realizar comedias en vivo, está ansioso y a la espera de una oportunidad para demostrar su talento y salir adelante.

Y aunque todo parece conspirar en su contra, él sigue tratando e insistiendo. Dos aspectos, sin embargo, serán determinantes en definir su destino. Primero, Arthur padece de una ‘condición neurológica’ que le provoca, en momentos de ira o enojo, una risa incontrolable; y segundo, en una ciudad en crisis que esta recortando presupuestos, Arthur, está de más decir, será de los primeros perjudicados. ¿Será él capaz de enderezar lo que ciertamente nació torcido? Esta es una historia original escrita por el director y guionista del film Todd Phillis, Hangover, concebida
en términos estéticos y de fondo como algo distinto al enfoque tradicional del ‘comic book’ dado al mundo de los personajes de Batman.

De hecho, aunque perturbadora como muy pocas –casualmente se asemeja en ese sentido a The Dark Knight de Christopher Nolan– la película representa un estudio de personaje que explora la caída en picada de una alma enferma, acorralada y discriminada. Semejante inmersión psicológica requería de un actor de gran talento para interiorizar y exponer todo aquello. En Joaquín Phoenix el director Phillips consiguió al actor ideal, de eso no hay dudas.

El Nacional

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