The Grey no es una película placentera, o al meno no lo es en el sentido simple y directo como la mayoría del público espera. Tiene sus buenos momentos de suspenso, pero su enfoque serio y realista, al tiempo que la distancia del espectáculo puro, termina por conferirle una dignidad revitalizante.
El film no está dechado de virtudes, puesto que entre otros detalles al director y guionista Joe Carnahan le resulta imposible obviar ciertos clichés y convencionalismos, la reducción sistemática e inevitable del grupo de hombres inicial, y el antagonismo natural de uno de éstos con el personaje central, por ejemplo. Sin embargo, los caracteres o al menos los tres principales resultan creíbles y comedidos. Liam Neeson, aunque se mantiene dentro de su mismo registro y habitual estilo de interpretación, él es de esos pocos actores con carisma y magnetismo: su estoicismo y reciedumbre trabaja siempre a su favor y de la producción en la que participa.
Otro elemento importante es el ambiente en el que se desarrolla la historia. The Grey tiene lugar en la reconditez de Alaska, y allí el inclemente clima invernal y las fieras salvajes, tarde o temprano, imponen su ley de forma inmisericorde. John Ottway, (Liam Neeson), es un francotirador que trabaja para una compañía petrolera, protegiendo a los trabajadores, cuando los lobos u osos se acercan a estos de forma amenazante. Cuando un accidente lo deja a él y un grupo de seis trabajadores en medio de ninguna parte, en pleno invierno, sin provisiones, armas o medios de comunicación para coordinar un rescate; Ottway, un hombre a quien la vida ha golpeado con dureza y lucha contra sus propios demonios internos que tuvieron a punto de dar al traste con su existencia, al principio del film, se aferra ahora a ésta, toma el liderazgo del grupo e inicia el descenso desde las escarpadas montañas, tratando de alcanzar una extremadamente remota posibilidad de sobrevivencia.
The Grey es en esencia una película de aventuras, pero en su trayecto hacia una resolución que no a todos dejará satisfechos, pese a su innegable apego a los postulados del film, se torna existencialista y hasta de cierto aire poético.
Lo que prevalece en el film como hemos visto en otras tantas películas, Alive, por ejemplo, es el enfrentamiento del hombre contra una naturaleza salvaje y opresiva, y la forma como éste reacciones ante el peligro que acecha a cada instante.
Aquí la hostilidad del medio es a la par impresionante e implacable. Y si no mueres de hambre, de frio o como presa de una manada de lobos, la inhospitalidad de aplastará. Esta se erige como el gran e inconmensurable villano de la película.

