¿Qué Pasa?

CINE Y SOCIEDAD

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Durante los pasados siete años, el otrora popular actor Mel Gibson se dedicó en exclusivo, descuidando su otra faceta, a perseguir una carrera como director. Si bien consiguió cierta notoriedad como tal, fundamentalmente sobresalió por el carácter eminentemente controversial y violento de los dos films que dirigió en ese período –‘La Pasión de Cristo’ y “Apocalypto’.

De esta forma, al tiempo que se alejó del público que lo idolatró por más de dos décadas, su nuevo y polémico rol  (Gibson había dirigido con anterioridad “Brevaheart” y “The Man Without a Face’, pero en ambas él era la única estrella), contribuyó  también a echar por tierra la imagen impoluta y jovial que muchos tenían de él.

Y para agregar más gasolina al tanque, no sólo fue detenido borracho, sino que embriagado por el extraordinario éxito económico de La Pasión, soltó unos antisemitas comentarios que terminaron por redondear su nueva y conflictiva imagen.

Gibson ha intentado ahora uno ‘comeback’ con ‘Al Límite’ (‘Edge of Darkness’), pero ya nada es como antes, y la película concluye sin llegar al ser el éxito esperado.

Basada en una mini serie transmitida por la BBC de Londres en 1985, y dirigida por el mismo director del film Martin Campbell, “Al Límite” adolece de los mismos problemas que presentan otros films similares que tratan de condensar voluminosos libros o seis u ocho horas de televisión en apenas dos horas o menos.

Gibson interpreta  a Thomas Craven, un policía solitario de Boston a quien le asesinan su hija en la misma puerta de su casa, y debe cuál Charles Bronson en sus mejores tiempos, hacer justicia por sí mismo. Lo que subyace aquí es una historia de venganza y corrupción al mejor estilo hollywoodense: superficial e inconsistente de principio a fin.

El es de nuevo el mismo policía imbatible de sus películas anteriores, pero ha perdido la movilidad, espontaneidad e intensidad que lo caracterizaba. El mejor personaje es el enigmático y pernicioso Jedburgh de Ray Winstone.

“Al Límite” tiene estilo y el rigor técnico de un film de su género, hecho por un veterano, pero la historia es tan endeble y predecible que todo intento por emoción y suspenso es nulo.

El Nacional

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