Han montado una dictadura constitucional que facilita la reelección del partido y del presidente de turno y convertido la institucionalidad derivada de la concentración de poderes en un sistema de corrupción y un régimen de impunidad, dotada de un impresionante blindaje judicial.
La verdad respecto a procesos reales ha sido sepultada por una dictadura mediática que fabrica mentiras, medias verdades y fantasías en forma incesante: controlando medios, repartiendo sobornos, tolerando fraudes económicos, enriqueciendo a mega-ricos, enajenando soberanía…
Transformaron de más en más al Estado en un Estado delincuente bajo control de mafias políticas, militares-policiales y empresariales, que entremezcladas constituyen un poder que se autoprotege en tanto abundan las complicidades entre su componentes y la capacidad de chantaje entre ellos.
Exhiben una alta dosis de prepotencia expresada en todos los niveles de ese poder, remodelando prácticas patrimonialistas y autoritarismos históricos.
El Presidente es el monarca post-moderno y dueño del presupuesto y el patrimonio que asigna y reparte a su antojo.
Los demás son propietarios de las instituciones que dirigen y de las asignaciones que ellas reciben. El modelo se desparrama en modelitos.
Por encima de estos señores solo está el poder transnacional al que rinden pleitesía. La independencia solo se alega frente al país más débil y al pueblo más empobrecido del Continente. El territorio se defiende contra emigrantes maltratados y vejados, jamás frente a Alcoa, Barrick Gold, Falcondo, Gold Quest, Uni Gold, Everton, FMI, BM, Maag, Cía, Pentágono, Mosad…
El irrespeto a los gobernados campea, la autosuficiencia es asumida por incapaces y mediocres consuetudinarios. La dignidad y la inteligencia son constantemente agredidas hasta el acoso soez. Humillan constantemente a los más indefensos/as, y tratan de ofender a quienes más dignidad y decoro les sobra.
Corruptos, corruptores, abusadores, hipócritas, simuladores, déspotas ilustrados y deslustrados. Pero no se conforman con exhibir tan perversos atributos y estrujárselos en la cara a la sociedad que desprecian.
No, su determinación de menospreciar a los demás no tiene límites. A la burla, a la farsa, le suman un cinismo imposible de enmascarar. Recién, el jefe de turno de esta tragicomedia, se dispuso a practicarlo con una desfachatez que espanta.
En medio de la incesante campaña sucia contra a la jueza Miriam Germán, quien sin proponérselo, con su rigurosa ética profesional, los acusa en todas esas vertientes delictivas, el Presidente Medina exhorta a los consejeros de la magistratura “a tratar con el mayor respeto a los entrevistados”. No sé si otra cosa, pero cachaza a este señor le sobra.

