El uso de la fuerza represiva como respuesta a las protestas contra las alzas de precios provocadas por la aplicación de los ajustes fondomonetaristas, tuvo un enorme costo político para Salvador Jorge Blanco y sus colaboradores más cercanos y restó fuerza al liderazgo de José Francisco Peña Gómez, pero además, terminó de despojar al PRD (las medidas impopulares y la represión a otras protestas entre los años 1978 y 1984 habían dejado su marca) de su decisiva influencia en los sectores mayoritarios de la población.
Cuando Joaquín Balaguer, en 1986, despoja del triunfo a Jacobo Majluta, actúa contra un PRD incapaz de organizar acciones masivas contra el fraude electoral. Los sectores locales de poder y el poder imperialista no ven peligro alguno en la consumación del fraude, pues se dan cuenta de que no pone en peligro la gobernabilidad, y Balaguer manipula sin grandes dificultades las instituciones.
En 1990, el fraude electoral es contra Juan Bosch y al PLD. Balaguer tenía la certeza de que el líder y la organización organizaban concentraciones multitudinarias con fines electorales, pero no favorecían las protestas masivas en las calles. La muestra más elocuente, aunque no la única, era, en ese momento, la ambigüedad de sus posiciones tras la masacre de abril de 1984.
El fraude con mayor costo político para Joaquín Balaguer fue el de 1994, cuando había encabezado dos gobiernos consecutivos marcados por escandalosos hechos de corrupción (además del lastre de los 12 años), tenía 87 años, había disminuido su capacidad intelectual y era precaria su salud física. Su permanencia en el Palacio Nacional no abonaba la gobernabilidad.
Joaquín Balaguer pudo permanecer dos años en el Palacio Nacional tras ese grotesco fraude electoral, porque, para enfrentar sus pretensiones, José Francisco Peña Gómez buscó la ayuda de los poderes fácticos y no se propuso movilizar a las mayorías.
En 1994, el PRD pactó con una parte del balaguerismo (figuras desacreditadas como Milo Jiménez y Fernando Álvarez Bogaert). En 1996, fue consumada la alianza entre el PRSC) con el propio Balaguer a la cabeza) y el PLD, formando el adefesio político que tuvo por nombre Frente Patriótico.
La proclividad a pactar con Balaguer y a acoger a figuras del balaguerismo que acumularon dinero y poder se originó en la asunción del más burdo pragmatismo. Por eso se hizo sentir en el PRD y en el PLD.
La masacre de abril de 1984 fue determinante en la culminación del proceso de conversión del PRD y el PLD en lo que son hoy: organizaciones que acatan los dictados de los sectores dominantes, sustentan en el clientelismo su relación con las mayorías y prostituyen el ejercicio político. ¿Les llamamos plagas?

