Hace más de 30 años, militares de línea dura hicieron renunciar a Fernando Álvarez Bogaert, quien, en unas primarias, había ganado la candidatura a la Vicepresidencia.
Los militares Actuaron por orden de Joaquín Balaguer, sin duda. En el Partido Reformista, las elecciones internas tenían en ese momento dos definiciones posibles: montajes de mal gusto o eventos inútiles cuyos resultados podían ser sustituidos por la voluntad de Balaguer.
Los herederos de Balaguer han maquillado el autoritarismo, pero lo mantienen en la definición del sistema político. Los partidos (así se llaman, a pesar de que no sustentan un proyecto de nación), son organizaciones clientelistas y corruptas.
Han pasado casi 32 años desde que se difundió por lo bajo que Fernando Álvarez Bogaert firmó la renuncia a varios pies de altura y accedió para bajar del helicóptero por la escalerilla y hacerlo después y no antes del aterrizaje. Hoy, las elecciones internas siguen siendo pura mascarada, y quienes se llaman dirigentes, son, en realidad, coordinadores de sucios negocios.
Leonel Fernández y Miguel Vargas pactaron el año pasado para imponer una nueva Constitución. En el año 2002, Hipólito Mejía reintrodujo la reelección presidencial con el apoyo de Balaguer, ya moribundo pero siempre manipulador.
La mayor señal de modernización es que los mismos dirigentes aplastados entienden (sin que se les apunte a la cabeza) que no les conviene quedar fuera en la repartición de las cuotas de poder, y aceptan prácticas antidemocráticas como la reserva de candidaturas y la compra del voto.
¿Se puede hablar de unidad partidaria en organizaciones que rechazan todo ideario político y han presidido gobiernos corruptos?
Milagros Ortiz Bosch guardó en un baúl la consigna vergüenza contra dinero, y trabaja bajo las órdenes de Miguel Vargas. Es inaceptable el pretexto de que impulsa con ello alguna noble causa. Miguel Vargas ha dejado de retar a Leonel Fernández a revelar el origen de su fortuna. Danilo Medina emite declaraciones a favor de un gobierno dirigido por quien lo vapuleó y aplastó.
En el despedazado PRSC, la compra y venta se realiza a las claras. Carlos Morales Troncoso coordina este hacer. Y no siente asco.
Clientelismo y contubernio son los elementos de unidad en la politiquería… Y están en la base de la impunidad y el impulso a la corrupción… ¡Cuánta podredumbre!

