No se trata de un caso aislado la pelea a puñetazos que legisladores oficialistas y opositores protagonizaron en la sede de la Asamblea Nacional de Venezuela. La trifulca es una expresión de lo caldeado que están los ánimos tras las elecciones que por casi 300 mil votos ganó el candidato oficialista Nicolás Maduro. Mientras los diputados se batían a trompadas, el derrotado candidato opositor impugnaba, aunque sin la menor probabilidad de éxito, los resultados de las votaciones. El Consejo Electoral ya advirtió que los resultados son irreversibles. Para Henrique Capriles el proceso estuvo colmado de irregularidades, entre las que figuran el uso y abuso de los recursos del poder. El Gobierno ha culpado a los congresistas opositores de iniciar la trifulca como parte de una campaña de desasosiego. Sin embargo, los opositores alegan que la provocación la inició el presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, al negarles hasta el derecho a la palabra por no reconocer el triunfo de Maduro. Pero cualesquiera fueran las causas, lo cierto es que el incidente marca el giro violento que han tomado las diferencias sobre el resultado de las conflictivas elecciones.

