La población aguarda impaciente que el Gobierno inicie a partir de mañana la prometida inversión de más de nueve mil millones de pesos con el objetivo de destrabar las actividades económicas, aunque el sector privado también ha extendido el sombrero en procura de alcanzar algo del mana que se cree viene del cielo.
Quienes ayer reclamaron drástica reducción del déficit fiscal y garantía de calidad en el gasto, no deberían aspirar a que esos chelitos, que representan solo una parte del frenazo que el Gobierno ha impuesto a la economía, se tiren ahora en una especie de garata con puño.
La calidad en el gasto y la inversión quedaría garantizada si de verdad esos recursos se dirigen al Banco Agrícola, Obras Públicas, Indrhi, Invivienda, Salud Pública y Pymes, para ampliar créditos a productores agropecuarios, micro y pequeñas empresas, construcción y reconstrucción de viviendas populares, calles y caminos vecinales, y mejorar canales de riegos y construcción de centros de atención primaria. De esa manera, se reparten los peces y los panes, por lo que los pejes gordos esta vez no pueden ni deben estar delante o detrás de la fila.
