Notas de violencia
El asesinato la madrugada del sábado en Los Mina de un teniente de la Policía puede ser la gota que colme la copa sobre el alarmante rebrota de la violencia callejera. Johnny Zabala Morillo fue abatido por desconocidos por desconocidos que lo despojaron de su arma de reglamento. El suceso ocurre cuando la población está todavía conmocionada por el cobarde asesinato de Patricia Requena Grullón, gerente de recursos humanos de la Asociación Popular de Ahorros y Préstamos, ocurrida el miércoles en la noche en El Millón. Hay una creciente ola de violencia, que desafía la capacidad y voluntad de las autoridades para garantizar el orden público y la seguridad de la ciudadanía. Por supuestos que no son las únicas que se han registrado, pero muertes como las de la Requena Grullón y del teniente Zabala Morillo exponen con dramatismo el problema de la violencia. El desafío no está únicamente en dar con los autores de los crímenes y someterlos a la justicia, sino en crear las condiciones necesarias para desmontar una atmósfera social que cada día se torna más insegura. Se trata de una tarea que no admite excusas ni demoras.
