Los niveles de inseguridad ciudadana o de auge de la delincuencia han llegado a extremos tales que ni dentro de sus hogares la gente puede decir que está segura. Y si no pregúntenle a la arquitecta Kirsys Mejía, la hija del periodista Orión Mejía, a su esposo Gregory y a su cuñado Francisco, quienes departían tranquilamente en la terraza de la casa de sus suegros en el sector El Millón cuando dos individuos llegaron en una motocicleta y de inmediato encañonaron con una pistola previamente rastrillada nada menos que a la nieta del comunicador, de un año de edad, con lo que obligaron a los mayores a entregar todo lo que llevaban encima, incluido celulares, anillos, cadenas, relojes, por valor de más de cien mil pesos. Hay que suponer la angustia y el terror que causa que un mal nacido ponga el cañón de una pistola sobre la frente de un bebé con la clara intención de disparar si algo sale mal. Lo grave del caso es que esos mismos sujetos habían asaltado la noche anterior a los vecinos, lo que causa la sospecha de que retornaron para atracar a la familia del periodista. El jefe de la Policía y el fiscal del Distrito tienen la obligación y el deber de apresar a esos antisociales y someterlos a la justicia. Aquí no hay seguridad ni en propia casa.
