La guerra civil que en Siria ha dejado más de 70 mil muertos, en su mayoría civiles, amenaza con desatar una peligrosa carrera armamentista en todo el Medio Oriente. Tan pronto la Unión Europea decidió terminar el embargo de armas a los rebeldes, Rusia entró en acción al considerar proveer al Gobierno sirio de misiles más poderosos.
Pero antes de la irrupción en el conflicto de ambos bloques, se había denunciado que el régimen de Bashar Al Assad ha utilizado armas químicas para defender ciudades estratégicas ante el avance de las fuerzas rebeldes.
Estados Unidos, que había advertido que no toleraría al dictador Al Assad el uso de gases, todavía no ha reaccionado ante las revelaciones de periodistas franceses que habrían sido víctimas de los efectos.
Las armas que han anunciado Rusia y la Unión Europea a ambos bandos podrían minar las conversaciones convocadas para el mes próximo en Ginebra a fin de explorar una salida a una guerra que amenaza con tornarse más letal. Como pinta el panorama la intervención de Washington es fundamental para evitar que el Medio Oriente, convertido en un barril de pólvora, arda en llama por la chispa de Siria.
