Privilegio irritante
Lacera la conciencia que en un país con tantas necesidades sociales el Senado disponga nada menos que de 17.3 millones de pesos mensuales para fomentar el clientelismo político a través del siniestro barrilito. Y puede darse por descontado que la práctica que ha vuelto a la palestra por denuncias de nepotismo no es el único privilegio que patrocina el Senado. Se habla de senadores que por medio de esos cuestionados programas se embolsillan mensualmente más de un millón de pesos, muy por encima de sus pares hasta de naciones desarrolladas. No conforme, se recuerda un barbarazo que también exigía viajar en primera clase a labores oficiales. Con esos privilegios, indignantes de por sí, no se puede pensar en desarrollo, sino en una sociedad parasitaria y sumisa. Condenar el nepotismo y cualquier otra irregularidad en la asignación de los recursos no es lo que procede. Lo que procede, como han pedido la Fundación Institucionalidad y Justicia y Participación Ciudadana, es que se elimine el inmoral barrilito. La filantropía los senadores pueden fomentarla con recursos propios, a propósito son muy signifcativos.
