Indignación e impotencia por el alza en los precios de los medicamentos se agregan al cuadro clínico que afecta a asegurados y no asegurados. Nada pueden hacer, como no sea sufrir las dificultades que implica asumir aumentos que, para colmo, tampoco son los únicos. Además de incrementos que incluyen los alimentos y servicios como el transporte, los pacientes tienen que soportar intensos apagones, escasez de agua y la proliferación de basura. Un cuadro infernal, al menos para los residentes en el Distrito Nacional. Los fármacos que más han subido de precio son los de más demanda, como los que se recomiendan para hipertensión arterial, diabetes, analgésicos, antigripales y algunos antibióticos. Ningún paciente encuentra explicación a un alza que contrasta con las estadísticas de que suelen dar cuenta las autoridades. Si es especulación, los afectados, en su gran mayoría personas de escasos recursos económicos, estiman que, para protegerlos, el Gobierno debe enfrentarla. Porque las están pasando mal, no sólo en cuanto a las enfermedades, sino sobre la impotencia y la irritación que provocan los aumentos en las medicinas. El caso es triste.
