Cada año, Estados Unidos se despacha con una ofensiva lista, elaborada a su antojo, sobre la lucha contra el narcotráfico. Es muy suspicaz que Gobiernos como los de Venezuela y Bolivia estén siempre en la lista negra de los países que no colaboran lo suficiente, en el mejor de los casos, en la persecución contra el tráfico de drogas. En la relación que elabora anualmente el Departamento de Estado, República Dominicana también tiene su lugar reservado, al menos de un tiempo a esta parte, entre las naciones que sirven de puente al negocio de estupacientes. Pero la verdad es que por más suspicaz, desacreditado e interesado que sea, el informe es molestoso. Como el narcotráfico no es sólo producción y distribución, Estados Unidos debería incluir en la evaluación a los grandes consumidores, un renglón en el que nadie le disputará la supremacía. México, que también figura entre los países que sirven de tránsito, libra actualmente una sangrienta guerra contra los capos. Ningún país, al menos de la región, se ha cruzado de brazos en materia de persecución contra los cárteles. Ya que no juzga el consumo, Estados Unidos debe ser más consciente.
