La conmemoración ayer del Día Internacional del Adulto Mayor demostró que aún Gobierno ni sociedad adquieren conciencia sobre la necesidad de adecuar plataforma jurídica y social que garantice protección de los derechos de los ciudadanos que ingresan a la cuarta edad, especialmente en lo relacionado a alimentación, atención médica y jubilación. ¿Cómo hablar de sociedad civilizada, en un país donde no existen programas que impacten directamente en la calidad de vida del adulto mayor? Aquí no se construye siquiera un edificio de apartamentos o de oficina pública o una acera que tenga en cuenta la seguridad de las personas de cuarta edad. Duele saber que gente que no puede valerse por sí misma están obligadas a acudir a despachos públicos o entidades financieras a procurar el importe de magras pensiones, contrario a cualquier país medianamente civilizado donde esos servicios se ofrecen de manera privilegiada. El envejeciente debe disfrutar de todos los beneficios que pueda proveerle la sociedad que él o ella ayudaron a levantar y su presencia en cualquier lugar debe ser motivo de atención y orgullo.
