La secretaria de Estado Hillary Clinton ha iniciado una nueva era en el discurso sobre política exterior de Estados Unidos, al señalar durante una conferencia en Nueva York que Washington está compelido a colocar en primer orden sus intereses económicos en las relaciones internacionales. Hasta el gobierno de George W. Bush, el poderío militar estadounidense era el mayor activo que presentaba Estados Unidos en su política exterior, pero ahora la señora Clinton cree que el tema económico debe colocarse en primer plano, tal como hacen economías emergentes como Brasil y la India, que primero se preguntan cómo afectaría a sus economías tal o cual situación en el plano internacional. La canciller estadounidense ha dicho una gran verdad al referir que en el mundo de hoy las naciones ganan influencia por el crecimiento de sus economías y no por el tamaño de sus ejércitos. La reflexión de Hillary nace de la cruda realidad que padece Estados Unidos, sumido en una crisis económica y financiera sin precedentes a pesar de su condición de superpotencia, pero sus misiles, aviones, barcos y ojivas nucleares no sirven para conjurar los déficits fiscales ni el enorme endeudamiento que agobia a la economía estadounidense.
