Todavía pudiera ser cierto, se ha interpretado como una confesión de debilidad la afirmación del precandidato presidencial perredeísta de que el Gobierno interviene en su partido para evitar que gane la nominación. Miguel Vargas Maldonado no debe perder de vista que el Hipólito Mejía a quien disputa la candidatura presidencial perredeísta no es el mismo que, víctima de la crisis bancaria, salió calcinado del poder en 2004. Se trata de otra figura, aunque su temperamento sea el mismo, con una imagen restaurada por acontecimientos nacionales e internacionales. Hoy muchos valoran el hecho de que en lugar de torear la crisis, Hipólito optara por jugársela a sabiendas de que su decisión podría costarle el poder. Vargas Maldonado sabe en qué se basa para afirmar que desde el Gobierno tratan de impedir que sea el candidato presidencial perredeísta para las próximas elecciones. Pero no puede perder de vista que incluso países como Estados Unidos e Inglaterra tomaron similares medidas, incluyendo la reforma del sistema financiero, a raíz de la crisis hipotecaria que hundió a la economía mundial. Aupar a Hipólito puede ser una mala apuesta.
