Página Dos

Cójanlo

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La vicepresidenta del Senado, Cristina Lizardo, se sirve con la cuchara grande con los 14.4 millones de pesos que recibió en 2012 para dádivas. Además de la ventaja política que implica en un medio en que los recursos prevalecen sobre los discursos, se trata de una nefasta distorsión que no se justifica bajo ninguna circunstancia.

En un informe la senadora admite que alrededor de seis millones de pesos se emplearon en raciones alimenticias.

Esa labor choca con la función de entidades que proporcionan comida a precios simbólicos a los más necesitados. Los restantes fueron usados en gastos administrativos, en ayudas médicas y a estudiantes.

 Con tantas entidades dedicadas a esas labores se trata de un derroche que se proporcione recursos a legisladores para fomentar el clientelismo. Es de los hechos que sitúan a las autoridades dominicanas como las campeonas mundiales del despilfarro. Aunque no nos guste. Con rendir cuenta no se justifica un gasto que representa, a todas luces, un privilegio. Si Lizardo y los congresistas quieren cumplir  labores sociales que lo hagan con su sueldo, que, a propósito, es bastante elevado.

El Nacional

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