Como si se tratara de un recurso electoral, el presidente Barack Obama ha vuelto a cargar contra los republicanos toda la culpa de que no se haya aprobado una reforma migratoria para resolver el problema de los indocumentados. Es verdad que la oposición ha bloqueado la legislación y que nunca se ha identificado con la inmigración en Estados Unidos. Pero también es cierto que Obama desaprovechó la oportunidad de hacer aprobar la reforma cuando contaba con el control del Congreso. Ese era el momento en que tenía impulsar una de las iniciativas que formaron parte de su plataforma electoral. La reforma del sistema financiero, por todos los intereses que implicaba, era más polémica que el problema migratorio. También la del sector salud. No hay forma de evitar que se relacione con un guiño a los votantes hispanos, que al parecer se le han resbalado, la acusación contra los republicanos por los obstáculos a la reforma migratoria. No es que está distanciado de la realidad, sino simplemente de que perdió mucho tiempo para impulsar la reforma migratoria. La crisis económica que abate Estados Unidos también se la pone más difícil.
