Página Dos

Cójanlo

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Impedir una protesta frente al Palacio Nacional de extrabajadores del Consejo Estatal del Azúcar (CEA) fue un exceso de las autoridades. Era dramática la marcha de decenas de exobreros, en su mayoría gente de más de 70 años de edad, pero el acto no implicaba ni por asomo alteración del orden público. Antes que disolver la manifestación lo sensato hubiera sido que una comisión del CEA, del Ministerio de Trabajo o de otra entidad hubiera dialogado con los extrabajadores acerca de sus reclamos. Una actitud más humana y considerada con gente que agotó su vida útil en los bateyes y centrales azucareros. Pero impedir a la fuerza que se desahogaran, con reclamos que por demás parecen justos, no fue más que un abuso, que no los ha amedrentado, pues dijeron estar dispuestos a luchar hasta el último hálito de vida.  Muchos están enfermos, sin recursos ni siquiera para adquirir los medicamentos necesarios. Pero aún así han sacado fuerzas para reclamar lo que consideran su derecho. Lo único que exigen es que se les asigne la pensión que por ley les corresponde conforme a los años que laboraron en el consorcio. Más bien justicia.

El Nacional

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