La espectacularidad puede ser lo más novedoso del asalto a una familia de San Francisco de Macorís, en que dos de sus miembros fueron tomados de rehenes y después abandonados en el camino. Con una criminalidad a la orden del día el asalto a la residencia del comerciante José Manuel Paulino es, duele reconocerlo, otro capítulo de un thriler policial. Pero con el agravante de que no se sabe desde que bando atacan los bandoleros. El comerciante dice que fue despojado, entre otros bienes, de dos millones de pesos en efectivo por cuatro encapuchados que penetraron a su residencia, ubicada a cuatro esquinas de la sede del Comando Regional Norte de la Policía, y quienes además tomaron de rehén a su esposa Birmania González Guzmán y una hija de 17 años del matrimonio. Para cometer la acción los asaltantes rompieron los candados de la puerta principal de la vivienda, marcada con el número 56 de la calle Las Palmas. El caso, uno de los muchos que tienen ascuas a la población, es para que se preste toda la atención habida y por haber a una criminalidad que ha instalado la inseguridad y el terror en las calles y todos los confines del territorio.
