En medio del debate sobre la regulación de las tarjetas de crédito ha salido a relucir que el actual contralor general de la República, Haivanjoe Ng Cortiñas, se pensionó en la Superitendencia de Bancos con 651 mil pesos mensuales. El funcionario lo ha justificado por el sacrificio que han representado para él los dizque 25 años que ha dedicado a la función pública. Si la ley lo ampara no hay más que aceptarlo, por más que a cualquiera pueda caerle como una brasa en el estómago. Porque mientras Ng Cortiñas puede disfrutar de ese lujo, más del 80 por ciento de los pensiones del sector público, la inmensa mayoría con mucho más de 25 años de servicios ininterrumpidos, como el caso de los maestros, apenas llegan a cinco mil pesos mensuales. Porque simplemente las leyes no son las mismas para todos. Pero la de Ng Cortiñas tampoco es la única pensión de lujo en el sector público. Hay una caterva de artistas, periodistas, intelectuales, políticos, sindicalistas, deportistas y otros que disfrutan de pensiones graciosas de 50 mil, 100 y hasta 300 mil pesos mensuales. La inmensa mayoría como premio a la adhesión de la causa del peledeismo.
