Violencia encrespada
No hay que hacer grandes ejercicios para concluir en que la seguridad y la prevención son muy vulnerables cuando se pueden cometer crímenes y atracos a pleno mediodía en lugares concurridos, como fueron los casos de un teniente del Ejército, un vigilante de la cooperativa del Banco de Reservas y de un mensajero ocurridos el sábado y el domingo. Al margen de las razones, es normal que la gente se aterrorice ante asesinatos como el del teniente Idalio Antonio Lugo Liz, de 53 años, abatido de un balazo en la cabeza en la avenida 27 de Febrero con Privada, a las 1:40 de la tarde del sábado.
El oficial estaba dentro de un vehículo que conducía cuando dos desconocidos que se desplazaban en una motocicleta le hicieron un disparo en la cabeza. A alrededor de la misma hora del sábado, en Los Ríos, un mensajero fue muerto de un disparo en la pelvis por desconocidos que los despojaron de 1.2 millones de pesos en efectivo. José Oscar Santos Núñez, de 69 años, acababa de canjear un cheque cuando fue atacado en el parqueo del establecimiento.
El vigilante Miguel Angel Ramírez fue estrangulado en el local de la cooperativa. Además de capturar a los responsables hay que examinar el tipo de violencia que se propaga por el territorio y que aterroriza a la población.
