Angustiosa costumbre de cada año
Como ha sido angustiosa costumbre de cada año, los vivos que visitaron a sus muertos el sábado, Día de los Fieles Difuntos, renovaron la pena de comprobar que los camposantos están en completo abandono a expensas de la delincuencia y la promiscuidad. No se entiende por qué las alcaldías no pueden o no quieren garantizar limpieza, orden y seguridad en esos espacios donde hoy no parece posible que los muertos descansen en paz.
Difícil es entender por qué las autoridades permiten que en los cementerios, ladrones roben todo lo que es posible robar, hasta los ataúdes. Miles de dolientes que acudieron ayer a los camposantos a presentar respeto a sus parientes, comprobaron no sin angustia e indignación, que esos lugares están convertidos en tierra de nadie, donde los muertos no descansan ni los vivos pueden siquiera rezar por los suyos sin el temor de sufrir robo o asalto. Los alcaldes de todos los municipios deberían saber que cuando mueran sus restos serán depositados en esa suerte de infierno.

