No son tan santos…
El Gobierno chino era visto como un ejemplo de rigor contra la corrupción. Líderes tan prominentes como Bo Xilai fueron degradados y condenados acusados de tráfico de influencia, enriquecimiento ilícito, cohecho, extorsión y otros delitos graves. Pero por el escándalo de corrupción que se ha destapado, que involucra a familiares cercanos de grandes líderes, compañías y empresarios, la drasticidad contra el flagelo ahora aparece como mera pantalla.
Y que los chinos no son tan santos como se pintaban. Incluso el propio Gobierno se autoincrimina al bloquear el acceso a los medios internacionales que han publicado lo que ya se ha denominado “Chinaleaks”. Gracias al Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación se ha conocido la cara oculta del régimen chino.
Familiares directos de mandatarios, incluido el actual presidente Xi Jinping, empresarios, miembros de la Asamblea Popular y compañías estatales han resultado con grandes fortunas en paraísos fiscales. El escándalo de corrupción que compromete al régimen chino es otro sonoro aviso de que tarde o temprano la verdad sale a relucir. También está el caso del finado dictador chileno Augusto Pinochet, a quien se detectó una fortuna mal habida.

