Masacre en Irak
La invasión, captura y muerte del dictador iraquí Saddam Hussein patrocinada por Estados Unidos ha estado muy lejos de significar la paz y la gobernabilidad para la nación árabe. Al presidente Barack Obama le correspondió retirar los últimos soldados que protegían al régimen y que garantizaban la seguridad. Pero no pasó mucho tiempo para que la frágil estabilidad se resquebrajara. A tal punto que Obama ha tenido que desplegar un portaviones en el Golfo Pérsico ante el avance y las horrorosas masacres de las fuerzas rebeldes y la amenaza contra los intereses petroleros en la convulsa nación.
El Irak en que tanto empeño ha puesto Washington por establecer un sistema democrático está en los umbrales de una guerra civil. Si Estados Unidos no interviene, el Gobierno iraquí caería en cualquier momento en poder de los yihadistas, que ya controlan una gran parte del territorio. Obama, que sabe las consecuencias que tendría que los yihadistas tomen el control, había advertido, antes de desplegar el portaviones, que estudia todas las opciones militares, salvo el envío de tropas, retiradas en 2011, ocho años después de la invasión iniciada por George W. Bush. Pero las masacres son un desafío.
