Peligrosa corriente
Los presuntos responsables de linchamientos en Villa Mella y Dajabón han sido puestos a disposición de la justicia. Es obvio que sucesos que remiten al salvajismo y corroen el Estado de derecho en modo alguno pueden quedar impunes. Pero los linchamientos hay que examinarlos en el contexto de la realidad que vive el país. Plantea no solo indignación, sino mucha crispación y desconfianza el caso del adolescente que fue muerto a golpes y machetazos y luego incendiado por una horda que lo había sorprendido tratando de robar una motocicleta.
En Dajabón, un haitiano fue ejecutado por una multitud que lo identificó como uno de los que robaban en residencias del municipio.
En Quisqueya, San Pedro de Macorís, la intervención de un teniente del Ejército evitó que el conductor de un camión que había atropellado a un hombre fuera ultimado por una turba de enardecidos. El jefe de la Policía advirtió que no tolerará que la gente se tome la justicia en sus manos. Pero ¿cómo evitarlo? No con teorías, sino con acciones realmente eficaces? Los linchamientos son una práctica que, sin mucha teoría, cuestionan el sistema social.

