En pie de guerra
La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, se ha plantado en pie de guerra con la advertencia al Senado sobre las consecuencias que tendría su destitución por el supuestamente cubrir con préstamo de manera ilegal el déficit fiscal.
Tras negar las violaciones que se le atribuyen la mandataria alertó que su destitución traerá mayor inestabilidad política e impedirá la recuperación económica por tratarse de una ruptura constitucional. El mensaje está claro. Su partido, aunque bastante golpeado por los escándalos de corrupción, no se quedará con los brazos cruzados.
Echará el pleito con todos los recursos a su disposición. La violencia callejera, que ya ha registrado algunas expresiones, es de las secuelas que podría originar el conflicto brasileño.
Sin medios legales para evitar la destitución, la mandataria deja en claro que no tiene más alternativa que la calle. Aunque por ahora no se trate más que de un aviso a los congresistas. La declaración de guerra de la presidenta Rousseff torna más inciertas las perspectivas en una nación que ciertamente necesita de la estabilidad social y política para reiniciar el camino de la recuperación económica.

