Vacío en Haití
Sin salida a la vista, todo presagia que la crisis política haitiana va para largo. Mientras la nación se hunde en un caos típico de su accidentada historia, el presidente Jocelerme Privert, designado por tres meses para convocar a elecciones, trata de afianzarse en el poder.
El balotaje del 24 de abril tuvo que ser aplazado por tercera ocasión desde la primera vuelta celebrada el 25 de octubre de 2015 por las sempiternas faltas condiciones. La oposición, representada por Jude Celestin, insiste en que se investiguen las supuestas irregularidades ocurridas en la primera vuelta. Pero el juego se tranca por la renuencia del candidato que quedó en primer lugar, Jovenal Moise, a que se revise un proceso que la comunidad internacional calificó de legítimo.
A todo esto, el presidente Privert, que asumió el cargo en virtud de un acuerdo que lo obligaba a convocar elecciones para superar el impasse, en lo que está ahora es en preservar el poder.
Las crisis son normales, aunque en modo alguno justificables, en un país donde siempre se cuestionan las victorias y jamás se aceptan las derrotas. Sin salida a la vista las perspectivas en la nación son brumosas.

