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Cójanlo

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Acoso a Temer

 

Al presidente interino de Brasil, Michel Temer, cuya traición fue determinante en la destitución de Dilma Rousseff, ya le ha llegado su turno. Miles de manifestantes salieron a las calles de Río de Janeiro y Sao Paulo a reclamar su renuncia. Desde antes del juicio contra Rousseff la incertidumbre hace ola en Brasil por un cóctel compuesto por una severa crisis económica y los alarmantes escándalos de corrupción que involucran a políticos y empresarios.

Hasta el propio mandatario interino, no así la destituida Rousseff, ha sido salpicado por alguno de los muchos casos que se investigan en Petrobras.

Hasta antes de asumir el poder, la popularidad del gobernante cuya renuncia se comenzó a demandar en manifestaciones callejeras, estaba por el suelo. Es obvio que Temer, que apenas lleva 12 días como presidente interino, no está en una posición muy firme para lidiar con protestas como las que se registraron el domingo en las dos principales ciudades de Brasil.

Ni tampoco tiene mucha capacidad de maniobra siquiera para propinar golpes de efecto. Si las protestas sociales se propagan en una nación tan crispada por las crisis, Temer se vería contra la espada y la pared.

El Nacional

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