Página Dos

Cójanlo

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Reforma en pie

 

El incremento de un 20% del tributo a las gaseosas, que el Gobierno ha basado en el elevado contenido de azúcar de las bebidas, es otro eslabón de una cadena de impuestos que con diferentes denominaciones se han creado en los últimos tiempos. Si los gravámenes que se han aplicado no persiguen una reforma fiscal las autoridades tendrán que explicarse, porque la impresión no es otra.

El primer acto lo representó el incremento de los peajes, que se justificó en el propósito de aumentar los recursos para un programa de asistencia y mejoramiento de la infraestructura vial. Pero resulta que la medida está contemplada en la reforma de 2012, en la que se especializó un porcentaje del alza de las gasolinas.

Después de los peajes el Gobierno aumentó la tarifa para la renovación de las placas de los vehículos. No pasó mucho tiempo para que se promulgara el proyecto que grava las llamadas internacionales y los mensajes de las empresas de telecomunicaciones para financiar el sistema 9-1-1.

Ahora el Gobierno, que como se sabe afronta dificultades financieras para cubrir sus gastos, busca gravar las gaseosas. Todos los gravámenes, aplicados a cuentagotas, colocan al país frente a una reforma fiscal.

El Nacional

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