Desidia trágica
Los cuatro muertos que dejó el domingo en Salcedo un pleito entre dos pandillas es un suceso con la suficiente potencia para llamar la atención sobre una realidad que las propias autoridades han confirmado en diferentes ocasiones: la proliferación de puntos de drogas. No son dos ni tres las veces que la Policía ha hablado de la cantidad de lugares y barrios donde comercian drogas narcóticas.
La tragedia de Salcedo tiene otro ingrediente: que familiares y vecinos se habían cansado de denunciar ante la Policía y el Ministerio Público la operación de las pandillas, pero, según dijeron, sin que les hicieran el menor caso. Ahora vendrán las aclaraciones, pero los denunciantes están seguros de que con la intervención de las autoridades las muertes y el terror generado por la balacera se hubieran evitado. Tras la tragedia, que las autoridades no pudieron prevenir, vienen las explicaciones.
La Policía informó que Beatriz Polanco, de 66 años y una de las víctimas, era la cabecilla de una de las bandas. Los otros muertos son Moisés Abreu, de 23, Erick Wilson Pérez, de 15, y otro que en las últimas horas no había sido identificado. La denuncia de negligencia debería también aclararse

