El presidente Barak Obama ha obtenido una gran victoria política al lograr la aprobación por parte del Congreso de su programa de reactivación económica por 787 mil millones de dólares, con que procura crear más de tres millones de empleos.
El rechazo de la bancada republicana a ese proyecto se interpreta como una señal del fin adelantado de la clásica tregua de cien días que el partido opositor debe otorgar al nuevo gobierno demócrata, cuya mayoría parlamentaria, en cambio aprobó un estrambótico programa del presidente George Bush por 700 mil millones de dólares.
Es a partir de la promulgación de ese plan, prevista para mañana, cuando de verdad el presidente Obama se somete a su mayor prueba de fuego, que sin dudas consiste en demostrar que su programa puede ayudar a Estados Unidos a salir de la peor recesión económica en más de 80 años.
Contrario a su antecesor, que usó la mayor parte de los 700 mil millones de su plan de rescate en inyectar recursos a instituciones financieras que nunca lograron reponerse, el presidente Obama apuesta a la reactivación a través de la inversión en construcción de obras de infraestructura y la liberalización del crédito a las mediana y pequeña empresas.
El programa de reactivación económica que pondrá en marcha Obama a partir de mañana puede ser la última oportunidad para que Estados Unidos supere sus graves calamidades, antes de que ingrese en camino sin retorno a un escenario de lo peor.
