La Iglesia católica ha comenzado a sacudirse. No se puede interpretar de otra manera la sorpredente destitución del arzobispo de Nueva York. Con su destitución el cardenal Timothy se ha convertido en la primera víctima de la profilaxis, o la nueva era, que se vislumbra en la Iglesia tras la renuncia del papa Benedicto XVI. Sin poder para actuar contra los escándalos de pederastia protagonizados por obispos y sacerdotes, Su Santidad se conformó con pedir perdón.
Pero la destitución del obispo de Nueva York, acusado de proteger a clérigos demandados por abusos sexuales, augura un nuevo horizonte en la Iglesia. Entre 2002 y 2009, Dolan fue jefe de la arquidiócesis de Milwakee, que enfrenta más de 500 acusaciones por abusos sexuales.
Los escándalos alcanzaron tan inusitada dimensión, que en 2011 el actual obispo de la congregación buscó protección financiera para salvarla de la bancarrota. El arzobispo Jerone Listecki adujo que sólo de esa manera se podía compensar a las víctimas de los abusos por los cuales ha sido destituido el cardenal Nolan. Todavía pueda tratarse de un caso aislado, que no lo es, su caso ha generado muchas expectativas.
