El ministro de Industria y Comercio, Manuel García Arévalo, insiste en que no hay ningún misterio con la fijación de los precios de los combustibles. De acuerdo con el funcionario la fórmula para fijarlos incluye el precio de paridad de importación, impuestos y márgenes de intermediación a favor de las distribuidoras, detallistas y transportistas y la tasa de cambio. Sin embargo, García Arévalo no explicó a qué se debe la desproporción entre la reducción de los precios de los carburantes en los mercados internacionales y los reajustes que introduce el Gobierno. ¿Será que el Gobierno se cobra los sacrificios en que incurre siempre que las circunstancias políticas lo ameritan? En su explicación García Arévalo no ha hecho más que confirmar que el Gobierno manipula a conveniencia los precios de los carburantes. Lo demás son palabrarías para engatusar incautos. Si el Gobierno los dejara flotar conforme a la Ley de Hidrocarburos, no hubiera tanta confusión y quejas con la fijación de los precios. Los consumidores jamás entenderán la ecuación de que los precios no bajen cuando el petróleo se desploma en los mercados.
