El jefe de la Policía, mayor general Rafael Guillermo Guzmán Fermín, no se ha andado por las ramas al describir las dramáticas condiciones de las cárceles.
Si los recintos constituyen una bomba de tiempo no se puede tratar de tapar el sol con un dedo con eufemismos insostenibles. Sólo el hacimiento en cuatro de las principales cárceles habla por sí solo.
Guzmán Fermín destacó que La Victoria tiene capacidad para 1,200 reclusos, pero alberga casi 4,000; Najayo tiene unos 2,000, aunque fue diseñada para no más de 800, Azua duplica los 760 que debe alojar, y Santiago casi triplica los 1,000 que soporta.
Aunque el espacio físico no sea el único problema de las cárceles se trata sin duda de uno de los más explosivos.
Al exponer el drama del hacinamiento en las prisiones el jefe de la Policía pone el dedo en todo el sistema penitenciario. La mayoría de los reclusos son preventivos y los derechos no en todo los casos están garantizados. Alguien tenía que decir la verdad.
El incidente que costó la vida en su celda de Najayo al recluso Rolando Florián Féliz ha servido para sacar a relucir el drama carcelario. Se alega ue el reo gozaba de privilegios que contrastaban con las condiciones penitenciarias.
Si se quiere superar el problema de las cárceles antes que tapar lo más factible es identificar cada uno de los males que hacen un antro de esos recintos. El jefe de la Policía ha tocado el hacinamiento, que se ha tornado más dramático por la ineficacia para agilizar los procesos judiciales.
Más vale no engañarse.
