Como se ha advertido en diferentes ocasiones el deterioro de las condiciones de vida de la población haitiana no afecta la gobernabilidad de la nación, sino que representa un desafío para la región.
Salvo una que otra declaración las potencias ni los organismos internacionales han tomado con la seriedad que amerita la realidad social y económica de la vecina república. La mayor preocupación ha sido promover la gobernabilidad.
Pero ante el cada vez más creciente deterioro de las condiciones de vida al menos el coordinador humanitario de las Naciones Unidas (ONU) para los asuntos haitianos ha tenido que reaccionar. Con el propósito de mitigar las penurias de 2.1 millones de haitianos, se anunció de nuevo el plan que se había formulado en 2019 en procura de recaudar 253 millones de dólares.
Los organismos internacionales no pueden dejar en manos de República Dominicana, que ya carga bastante pesado con las masivas inmigraciones de ilegales, la suerte de la nación más pobre de la región. El plan humanitario que se ha anunciado debe asumirse como la primera fase de un proyecto a largo plazo para enfrentar la problemática haitiana.

