Durante largo tiempo la costumbre de pasar un plato de comida, un dulce o frutas a los vecinos más cercanos era un hecho común en los campos, barrios y urbanizaciones de nuestro país.
La costumbre criolla de pasar comida de una casa a otra se origina, según el sociólogo Teófilo Barreiro desde los tiempos de la colonia y alude que la misma tiene una razón principal: el dominicano siempre ha sido bondadoso con sus vecinos. Añadió que la verdadera realidad de la sociedad dominicana se circunscribe al barrio, al que define como la representación de la vida del pueblo, el espacio geográfico integrado por personas que viven en casa colindantes (en tiempo antiguos no había apartamentos).
El hecho de pasarle a un vecino un plato de comida, un dulce de coco, unas habichuelas con dulce o unos piñonates tiene dos sentidos, de acuerdo a Barreiro.
El primer sentido es compartir aquello que se hizo en el hogar y, lo segundo, evidenciar la calidad de la cocina de una familia, de una casa particular, pero aparte de eso, era una forma escondida de darle comida a aquel que no la tenía.
Según registra el antropólogo José Guerrero el origen de las habichuelas con dulce se remonta a los finales del siglo XVII, en el contexto del dominio francés en Santo Domingo (1795-1809).
El dato lo aportó Dorvo Soulastre, un militar francés que vino a Santo Domingo acompañado por el general Hedouville el 27 de marzo de1798.
