Perdonen que insista tanto, pero cada vez estoy más convencido de que, contrario a otros países, donde el escándalo de Odebrecht ha terminado la carrera política de ministros, expresidentes y presidentes, en el caso de la República Dominicana, donde hubo sobornos por más de 92 millones de dólares y donde fue instalada la oficina clandestina encargada de la entrega de dinero ilícito, no pasará nada.
Tal vez, sólo tal vez, sea sacrificado Ángel Rondón y cualquier otro, enviándolos a la cárcel por un tiempo prudente con la promesa de ponerlo en libertad en el menor tiempo posible, para bajar la presión de Estados Unidos.
El Gobierno enfrenta cada vez menos protestas sociales reclamando el fin de la corrupción y la impunidad. Las organizaciones civiles han disminuido notablemente sus denuncias; los partidos de oposición parecen aliados al Gobierno, mientras la izquierda, atomizada por el protagonismo pequeñoburgués, no tiene manera de salir del pantano político e ideológico donde se encuentra sumergida desde hace muchos años, buscando un camino que no acaba de encontrar.
La izquierda prácticamente desapareció. Los partidos de oposición, ni dicen, ni hacen nada. El Movimiento Verde ha perdido el color de la esperanza. Parece que sus integrantes se cansaron de marchar o se convencieron de que ese método no conduce a ningún lado porque el Gobierno no le teme. Los verdes eran políticamente inofensivos.
En los países donde el caso Odebrecht ha alcanzado grandes movimientos de protestas y denuncias, el gobierno no controla el Congreso ni la Justicia. Las instituciones tienen un peso específico que las autoridades no pueden ignorar. En esos países la prensa no está mediatizada, ni existen bocinas, pitos, cornetas y megáfonos para repetir las mismas mentiras 24 horas al día todos los días, como sucede en el nuestro.
Gracias a ese poder sobre la prensa, el Gobierno saca un escándalo de los medios y mete otro, según su conveniencia para entretenemos ingenuamente sin darnos cuenta que es “mareo”, solo “mareo”. Ejemplo: Quirinito, muerto y resucitado; la reelección cada vez que hay un problema; Ley de Partidos Políticos, etc., etc. (Joao Santana, profesional de la “rumorología”, parece mantener sus hilos en el Palacio Nacional para ayudar a su amigo Danilo Medina, quien tanto le agradece.
Con expedientes insustanciales, carentes de pruebas reales, basados en supuestos, “tal vez”, “a lo mejor”, “quizás”, etc., un juez tiene que ser muy descarado, comprado o cobarde para evacuar sentencias condenatorias.
El Congreso no hará nada porque varios legisladores, de ambas cámaras, aceptaron sobornos, como en el caso de los aviones Súper Tucano.

