SANTIAGO. Sorprende que habiendo ONGs prácticamente para todos los gustos y posibilidades, incluso decenas en manos únicas, no haya una sola para prestar auxilios a las personas que, urgidas por la crisis, intentan irse en yola a Puerto Rico.
Aunque estos viajes furtivos violan leyes dominicanas, la solidaridad para quienes afrontan situaciones de vulnerabilidad y de riesgo vital tiene carácter universal.
Sin embargo, el organismo que le da seguimiento a estos casos, la Marina de Guerra, adquiere ante los afectados un carácter represivo.
Hay Organizaciones No Gubernamentales dirigidas a ofrecer servicios de asesoría, conflictos legales, de normas para operar en el país y otras ayudas de emergencia.
México, tomando como referencia la vida y su preservación, tiene en el desierto pertrechos para salvamento localizado en las zonas más frecuentadas por sus ciudadanos que desean irse furtivamente a Estados Unidos a nivel de la frontera.
Los dominicanos que se van por la izquierda tras un sueño incierto no tienen nada, salvo la posibilidad cierta de morir entre las tripas de un monstruo marino o en el fondo del mar.
Incluso, cuestiones tan elementales como incluir un chaleco salvavidas entre las pertenencias a llevar no son tomadas en cuenta.
Este accesorio hubiera salvado miles de vidas desde que el primer dominicano se lanzó a esa aventura hasta días u horas recientes en que el canal de La Mona se mantiene como escenario de luchas por la supervivencia, en contra de los tiburones hambrientos y el Caribe irresistible.
Lo que no falta a muchas personas -que no excluye euros y dólares del exterior- que vienen subrepticiamente al territorio nacional y duran años incluso en él, no lo tiene ningún dominicano que decide buscar suerte en los complicados perímetros de la otrora llamada isla del encanto, peligrosa, cada vez menos accesible y cada vez menos atractiva económicamente.
La mayoría de quienes se van del país lo hacen necesitados de mejores ingresos por salarios.
Otros procuran mejorar situaciones como la obtención de servicios de salud, educación para sus hijos, menos apagones en su vida, atemorizados por la criminalidad y la inseguridad y procurarse unos ahorros para el retiro laboral, entre otros.
La premura que se observa en la defensa de ciudadanos de otras naciones no aparece a favor de dominicanos desesperados y esta es una situación no considerada seriamente en ningún foro local o internacional hasta el momento.
Si no hay una fuga masiva de dominicanos hacia el exterior, considerándose el agravamiento de una situación que se consideraba estable como la de la economía hace menos de un año, con la ausencia de políticas sociales de fondos incluidas, la causa es la dificultad de hacerlo por las vías normales y ordinarias.
Prácticamente no hay año en que no ocurra un naufragio trágico.
Este factor, junto con el de los accidentes de tránsito y hechos de violencia social y policial, produce miles de decesos al año.

