Semana

Como cada  Domingo 
  

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Cuando mueren dos madres, el dolor de quienes las han amado y por años recibido su amor constante, su trabajo bienhechor y su ejemplo, se hace indefinible.

Este domingo me permito honrar la memoria de dos mujeres, ambas madres, que nos han dejado.

Una de ellas, sin nombradía pública y sin otra hoja de servicio que el amor que prodigó a su familia, Cándida Rodríguez, en La Romana, madre de la ingeniera Carmen Mercedes Rodríguez, quien trabaja en El Artístico, y que recibió ayer cristiana sepultura. Una muerte que enluta una familia trabajadora  y que consagra  su nombre como una de las heroinas cotidianas sin renombre en los medios.

Clara Leyla Alfonso, periodista que con su actitud honró el papel de la comunicación responsable, nos ha dejado físicamente.

Esa mujer, precursora del  periodismo hecho a conciencia, indagador de las causas de los acontecimientos, con una firme actitud contra los excesos del poder y las intolerancias, sin hacer maniobras para llamar la atención, supo cumplir con su papel.

Enfrentó con valor todos los procesos

 ?que la existencia le puso por delante.

Su partida duele por la necesidad de contar con  gente de su calidad humana.

Periodista, madre, esposa y empresaria, Leyla, procuraba hacer de cada día una jornada integral de servicio, trabajo y amor.

Lamenté profundamente no haber estado en Santo Domingo para acompañar sus parientes en un adiós que, aun cuando es una realidad pendiente para todos, siempre duele.

Deseo la mayor paz a sus restos y entendimiento a sus parientes de lo valioso que fue contar con ella el tiempo vivido.

El Nacional

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