Opinión

Como cada Domingo

Como cada Domingo

**** Acroarte, el papel de ser juez

**** La Hermana Glenda
Triste, incómodo, necesario, incomprendido, hostigado, alabado, exaltado, glorificado, cercado, angustiante e imprescindible es el papel de juzgar a los seres humanos en cuanto a su labor, Y si esos seres humanos evaluados son artistas el rol es más difícil.

En este momento reconozco el tremendo trabajo que es para los cronistas el nominar candidatos para los Premios Casandra. Con más aciertos que deficiencia, el galardón se ratifica en su propia importancia como el úinico reconocimiento de valor nacional e internacional para el arte dominicano.

El Plazo de las 72 horas para las quejas debe ser eliminado. En ningún otro premio del mundo hay una ventana para las «correcciones». Los jueces hablan por sentencia.  Y punto.

 Mucha gente se ha preguntado:

Quién es esta mujer?

Quién es esta monja?

Esta mujer es una voz de Dios.

Y digo más, es la voz de Dios.

Nacida en Chile, se inclinó por la vida religiosa y descubrió una unción particular, un talento que le fue dado en generosa entrega: la música y la voz exacta para alabar al Señor.

La Hermana Glenda nació en el 5 de Enero de 1971 en el Parral, la ciudad donde también nació Pablo Neruda, a una hora del mar y a cuatro de la capital, Santiago de Chile.

 Su padre, profesor también, en un liceo técnico, no sólo no era creyente, sino que se opuso desde siempre a la fe, al punto que Glenda fue bautizada recién a los 4 años.

Ella recibió una primera llamada a la fe a los 14 años, cuando aún estaba en el Liceo. En su propio curso sólo había un par de niñas católicas; el resto eran de otras religiones y muchos, agnósticos. Desde muy pequeña Glenda fue iniciada en la búsqueda de la verdad.

 Glenda cuenta que, poco a poco, iba entendiendo lo que iba cantando. Se quedaba mirando la cruz después de misa y le preguntaba al Señor: ¿es verdad que has muerto por mi? ¿Qué sentido tiene la vida? ¿Por qué…? En un festival diocesano de la canción, le regalan como premio una Biblia.

Era tal el deseo de conocer a Dios que cuenta que se la leyó entera, del Génesis al Apocalipsis, en 1 año. Pero al llegar a un pasaje del Evangelio de Juan, en el capítulo 3, versículo 16, Glenda no pudo seguir leyendo más. Dice que tuvo la primera experiencia de Dios.

Se le abrió la mente y el corazón al leer: «Porque de tal manera amó Dios al mundo que dio a su hijo unigénito para que todo aquel que él crea, no se pierda, sino que tenga vida eterna». Después de esa primera experiencia cristiana, vino su experiencia Apostólica. Así se pone a trabajar en la cárcel de mujeres.

Era tan pequeña que no la querían dejar entrar, pero ella insiste: «algo puedo hacer… aunque sea jugar al ping-pong con las reclusas» (de 14 a 60 años). Glenda necesitaba comunicar su experiencia de Dios: ¡Por qué yo experimento el amor que Dios me tiene y los demás no!

Hace sus votos perpetuos en Tortosa, España, la casa madre de las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación, y estudia 3 años teología en Roma.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación